Revista MQC · Edición 12 — Abril 2021
Abril 2021
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En esta edición
Y esta pregunta la va a responder…
Ya es archiconocida la expresión con la cual el ministro París da la palabra a quienes le acompañan en la testera ministerial que enfrenta la crisis del COVID-19, y con la cual se han confeccionado diversos memes. Entre ellos destaca el del típico marido vividor que viene llegando fuera de horario familiar y que, ante la pregunta de por qué llega a esa hora, responde: “esta pregunta la va a contestar la Dra. Daza”.
Ante tal escenario me pregunto: ¿será que la parsimoniosa subsecretaria se transformará en un personaje de nuestro mítico ideario colectivo? Algo así como “un teniente Bello”, que todos conocemos a pesar de lo perdido, o “un Moya” que se hace cargo de las cuentas que los demás no pagan. Y es que una expresión tan sencilla, utilizada para darle la palabra a otra interlocutora válida, vuelve a ser utilizada a favor de nuestra propia idiosincrasia: es muy chilensis esa carita de “yo no fui” con que enfrentamos tantas cosas cotidianas, cuando en realidad cada uno sabe lo que le toca contestar.
Si hay muchas preguntas que no tienen respuesta, es porque hay muchos que no se hacen responsables. “Responsable” dícese de aquel que debiera responder, o que se hace cargo de responder. Y en Chile ya es cultural aquello de que nadie responde por nada, al extremo de tirarse debajo de una camioneta para no responder, o no hacerse cargo ante la infracción del aforo de encuentros. Queremos protagonizar los hechos detrás de una cámara donde no ponemos ni nuestra foto. Es que dar la cara no es cosa fácil.
En nuestro país hubo una pregunta que duró décadas en ser contestada —¿dónde están?—, y bien sabemos que sus respuestas eran parte de la mínima acción de restituir algo de justicia ante el dolor que produce la desaparición de los seres queridos. Hay muchas preguntas que nadie responde, por años, a una ciudadanía llena de inquietudes sobre cómo llegar a fin de mes, cómo pagar dividendos o contribuciones, o cómo será la vida después de los 60 años. Hay preguntas que no son mera curiosidad, sino que nos preocupan; preguntas que no podemos eludir, ya sea a nivel social o individual, porque la suma de las conductas individuales también cambia estructuras.
En síntesis, querido y querida lectora, sin caer en la moralina, pero guiado por el sentido común: hagámonos responsables, desde lo más pequeño hasta lo más grande. Desde la respuesta ante las situaciones familiares y laborales hasta las de interés social, en las que también podemos y debemos decir nuestro parecer; para eso son las elecciones en las democracias. El sabio nazareno, a quien hemos recordado en esta Semana Santa, decía: “el que es fiel en lo poco es también fiel en lo mucho”. En definitiva, nadie puede ser responsable solo en lo grande, porque los detalles son los que hacen las grandes cosas.
Columna de opinión: Escribano de Valencia.
Agua y pobreza: ¿es el cambio climático la principal causa de la falta de agua potable rural, o es la escasez de recursos?
El último informe mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos plantea que un 85% de las muertes humanas asociadas a emergencias se produjo por enfermedades como la diarrea y el cólera, lo cual pone el saneamiento y la potabilización del agua como uno de los mayores desafíos mundiales a superar en un contexto de pobreza.
Respecto de nuestro país, la última encuesta CASEN posiciona a La Araucanía con los peores índices de pobreza a nivel nacional —el doble del promedio— y también con el índice deficitario más alto en servicios básicos: un 18,2% de las viviendas carece de servicios sanitarios básicos, más del doble del promedio nacional de 8,6%. Según estas cifras, es correcto preguntarse si la falta de agua se relaciona más con la pobreza que con la disponibilidad hídrica.
Los datos
El cambio climático se ha hecho notar en las principales cuencas fluviales de la región, con registros que muestran el aumento progresivo de las temperaturas, la disminución de las precipitaciones y, por ende, del caudal de los ríos Cholchol, Cautín y Toltén. Sin embargo, a nivel país La Araucanía es la cuarta región con mayor disponibilidad de agua per cápita al año, según el diagnóstico elaborado por el Banco Mundial. Existe una oferta aproximada de 1.041 m³/s de agua frente a una demanda de entre 14 y 25 m³/s, por lo que tendríamos un excedente de 40 a 70 veces lo demandado — aunque, dada la tendencia a la baja en las precipitaciones, es probable que esas proyecciones pequen de optimismo.
En contraste, aproximadamente 280.000 personas dependen de sistemas de Agua Potable Rural, abastos de agua o camiones aljibe. De ellas, cerca del 35% depende de camiones aljibe —entre 90.000 y 99.000 personas—, aunque según datos del MOP la cifra podría llegar a 140.000, personas que viven con 50 litros de agua al día para beber y para sus necesidades básicas. Eso significaría que entre el 10% y el 15% de la población regional se encuentra en esa situación.
Una desconexión que no puede continuar
Tanto el Ministerio de Obras Públicas como el Gobierno Regional se han puesto metas exigentes para dar solución a este gran dolor regional, y la inyección extra de recursos del Plan Impulso son aires frescos que ayudan a oxigenar la situación que viven miles de familias rurales. “Pero no podemos pasar por alto la oportunidad que se presenta para la academia, aunque en muchos aspectos es evidente la desconexión entre las capacidades instaladas en las universidades y las decisiones políticas. Esta situación ya no puede continuar: es necesario que las universidades regionales tomen decisiones claras que conlleven acciones concretas en común acuerdo con las autoridades regionales para el logro de la resiliencia ante el cambio climático”, plantea el autor.
“Mientras exista esta desconexión, el más humilde seguirá esperando la visita de un camión aljibe para abastecerse de un recurso que, paradójicamente, aún es suficiente en la región de La Araucanía. El cambio climático nos afecta, es cierto, pero la pobreza aún más”.
En esa línea, la Universidad de La Frontera ha puesto a disposición del Gobierno Regional las capacidades de la Facultad de Ingeniería y Ciencias, que a través del Centro de Gestión y Tecnologías del Agua, el Centro de Excelencia de Modelación y Computación Científica y el Instituto del Medio Ambiente trabaja en dos proyectos piloto: una plataforma interoperable para la gestión integrada de recursos hídricos, y la telemetrización de sistemas de Agua Potable Rural para controlar variables de operación y calidad del agua desde esa misma plataforma.
Dr. Juan Carlos Ortega-Bravo, director del Centro de Gestión y Tecnologías del Agua, Facultad de Ingeniería y Ciencias, Universidad de La Frontera.
Más de 18 mil estudiantes nuevos cursan la asignatura de Formación Ciudadana en INACAP
A contar del semestre otoño 2021 empezó a impartirse la asignatura de Formación Ciudadana a los estudiantes de primer año, como parte del plan común correspondiente a las carreras que son parte de las Trayectorias Formativo Laborales. Durante el primer semestre hay más de 18.800 estudiantes cursándola en las 28 sedes del país.
La asignatura se alinea con la misión institucional y con el sello del estudiante INACAP, particularmente con su componente íntegro y ético, y responde también a lo planteado por la Ley 21.091 sobre Educación Superior respecto de la formación integral y ética de las personas.
“Esta nueva asignatura es fiel reflejo de nuestra misión institucional: formar con excelencia personas íntegras que transforman el mundo”, explicó el rector Luis Eduardo Prieto. “Estamos convencidos de que la ética y el compromiso de las personas tienen un impacto en el desarrollo de Chile comparable con el de las competencias técnicas. Nos parece muy pertinente profundizar la dimensión ciudadana, potenciando la importancia de hacer bien las cosas, velando por el sentido del bien común”.
El vicerrector académico, Matías Escabini, detalla que “es una asignatura práctica, de primer semestre, cuyo propósito es fomentar en el estudiante el desarrollo de los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para desenvolverse como ciudadanas y ciudadanos críticos y éticos frente a los desafíos del mundo actual”.
Sus focos principales son la comunicación efectiva para una interacción social; la formación cívica —institucionalidad política, democracia y participación—; los valores ciudadanos y el desarrollo ético y sustentable; y la ciudadanía digital. Se trabajan a través de estrategias activas como diálogos y debates, abordaje de temas controversiales, dilemas éticos y trabajo de casos.
El desarrollo de las competencias ciudadanas se complementa con estrategias didácticas en asignaturas de especialidad, para tratar desafíos éticos vinculados a la profesión de cada carrera. “Las asignaturas del plan común de Innovación y Emprendimiento también aportarán a la formación ciudadana a través del trabajo colaborativo para resolver desafíos reales enmarcados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU”, agrega el vicerrector del Estudiante, Nicolás Valdivieso. A ello se suma el Portal Ciudadano INACAP, próximo a ser lanzado.
María Carolina Soto, Iggiloom Telares: “Se puede vivir del telar y es una gran manera de apoyarnos entre emprendedoras”
Corría 2016 y, como parte de su trabajo en el Centro de Estudios Científicos de Valdivia, María Carolina Soto Arriagada apoyaba en la redacción y traducción de artículos a un científico de Dinamarca, cuando decidió tomar un curso de telar. Al principio lo tomó como un hobbie, y al poco tiempo su telar y algunos trabajos a medias fueron a parar a una bodega. Eso hasta 2020, cuando entre la crianza de su hija menor y el inicio de la pandemia sintió el llamado de volver.
“Este 17 de abril celebré mi primer año como emprendedora, desde que realicé mi primera publicación en Facebook para vender mis productos. Ha sido todo un éxito: en un año he vendido más de 300 tejidos que realizo en 10 tipos de telares, en un plazo aproximado de 15 días. Creo que la principal atracción de los clientes es el estilo minimalista de los tejidos”, explica. “Las redes sociales son un apoyo fundamental para darse a conocer, especialmente en esta época de pandemia”.
El nombre de su emprendimiento viene de Iggi, por su hija Ignacia, y “loom”, telar en inglés. Nacida en Talca, vivió en Santiago, Estados Unidos y Nueva Zelanda antes de instalarse hace nueve años a unos 7 km de Valdivia, en el sector de Santa Elvira: “Es una ventaja vivir fuera de la ciudad”, afirma.
Un taller en un contenedor
“Mi emprendimiento se inició con la compra de un contenedor gracias al 10% de las AFP; lo vi cuando iba por la carretera y se me ocurrió comprarlo. Lo instalé en un bosque cerca de la casa, y allí tengo ahora la tranquilidad para trabajar largas horas. Además de tener calefacción y estar muy bien iluminado, tiene mucho espacio: me permite hacer labores con las lanas que no podría realizar dentro de la casa”, señala.
Además de vender productos y lanas, enseña: realiza talleres de una alumna por sesión —considerando la pandemia— y en un par de años ha formado a 10 alumnas, tres de las cuales ya están vendiendo sus propios productos. Todo lo que gana lo reinvierte en materiales, comprándoselos a mujeres y agrupaciones de artesanas. Su principal proveedora de lana natural es Carmen Adelina Huichamil, que vive entre Villarrica y Licanray: “Es una tremenda mujer, súper trabajadora, hemos hecho un tremendo equipo. Su familia también está muy feliz, porque no debe salir a trabajar a otras casas como antes: ahora trabaja en su propio hogar, en lo que le gusta, gracias a las personas que adquirimos su lana”.
Ainil Domo
También comercializa en Valdivia y mantiene contacto con artesanos locales a través de la agrupación de microemprendedoras Ainil Domo —“mujeres de la orilla del río” en mapuzugun—, fundada en 2012 y que hoy cuenta con 37 socias en distintas técnicas: tejido, fieltro, telares mapuche, María, cuadrado, maya, redondo, palillo y crochet. “A esta agrupación llegué por las lanas y por los telares; hemos creado una muy buena alianza y trabajamos todas con el mismo fin. El sentido de la agrupación es el rescate cultural de la lana, desde la esquila hasta el término del proceso”, explica.
Telar terapéutico
“Durante esta pandemia el telar ha sido muy terapéutico, porque la lana es una forma de contactarte con la naturaleza; también existe satisfacción en la creación y terminación de un tejido, en los cuales trabajo un promedio de cinco horas al día”, confiesa. Y observa un cambio: hoy hay clientes jóvenes, desde los 20 años, que reconocen el trabajo hecho a mano. “Además, son los que más usan las redes sociales, y hoy las redes sociales lo son todo: no hay otra vitrina”.
¿Se puede vivir del telar? Es enfática: “Es una realidad que el telar puede dar para vivir. Es una alternativa económica real”. Y anima a aprender: “Para las personas interesadas es algo que se puede aprender muy fácil: existen tiendas online para comprar materiales, cursos en YouTube. Ya no se requiere tener muchos recursos; incluso si alguien quiere puede hacerse un telar de cartón, y también puede lograr un producto que se pueda vender”.
Un programa de inmersión tecnológica apuesta a internacionalizar startups chilenas
Las startups y empresas chilenas que desarrollan soluciones tecnológicas con foco en transformación digital —en Industria 4.0, Internet de las Cosas, ciberseguridad, fintech, movilidad, salud, agua y energía— podrán optar a internacionalizar sus negocios a través del programa de inmersión tecnológica que impulsan el Estado Federado de Bayern, en Alemania, y la Universidad de La Frontera.
El programa “Smart and Sustainable B2B Solutions for Cities” surge del trabajo conjunto entre la incubadora de negocios Incubatec UFRO y SmartAraucanía, iniciativa financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo, CORFO y el Gobierno Regional de La Araucanía. Busca apoyar a startups dedicadas a soluciones que promueven el crecimiento de ciudades inteligentes y vincular uno de esos negocios al ecosistema de innovación de Bayern, uno de los más avanzados del mundo.
“La internacionalización de las empresas y la atracción de inversiones extranjeras son parte de los factores de éxito para el crecimiento, bienestar y la creación de puestos de trabajo en Bayern”, señaló la directora ejecutiva de la Representación del Estado Federal de Bayern, Pamela Valdivia. “Las empresas innovadoras chilenas son potenciales socios para las empresas bávaras a la hora de considerar nuevos mercados. Como Representación, sugerimos a las empresas bávaras que trabajen con socios locales, que son los que conocen bien el mercado”. Bayern ha desarrollado 17 clústeres industriales en tecnologías de información y comunicación, automatización y mecatrónica, nanotecnología, tecnología aeroespacial y sensores, entre otros.
“Es un importante reto unir a startups locales con uno de los ecosistemas de innovación y emprendimiento tecnológico más avanzados del mundo”, dijo la gerente del Hub SmartAraucanía, Ana Julia Fernández, cuyo equipo ha incorporado a su plataforma más de un centenar de startups desde 2018. La startup ganadora se seleccionará en julio y su representante viajará a Alemania en el último trimestre del año para visitar el Hub Tecnológico de Múnich, participar en eventos de emprendimiento y sostener reuniones con potenciales socios. “Esperamos generar distintas instancias de apoyo que generen valor a las propuestas de negocios y a los procesos de internacionalización”, cerró el gerente de Incubatec UFRO, Cristián Campomanes.
INACAP Sede Temuco da la bienvenida a más de 1.700 estudiantes nuevos
INACAP Sede Temuco inició su año académico 2021 con variadas actividades de bienvenida para los nuevos alumnos y alumnas. En el contexto de la Semana de Bienvenida, los estudiantes realizaron su inducción a la institución y a la sede, conociendo la infraestructura, los servicios estudiantiles y en especial a sus docentes, directivos y compañeros.
“Estamos muy contentos de darle la bienvenida a los más de 1.700 nuevos estudiantes, quienes junto a sus familias han confiado en nuestro proyecto académico y nuestro modelo de enseñanza”, comentó Rafael Cares, director de Asuntos Estudiantiles. “Para INACAP los estudiantes siempre están en el centro del quehacer institucional, y es por eso que desde el primer día los acompañamos integrándolos a la educación superior a través del Programa de Bienvenida”.
El programa contempló varias instancias: la bienvenida de las autoridades de la sede, liderada por la vicerrectora Gladys Brito; la actividad “Conoce tu Carrera”, donde los estudiantes compartieron con su dirección de carrera y participaron de una clase magistral de especialidad; el conocimiento de los distintos servicios y plataformas; y un taller de integración que permitió la interacción entre compañeros.
Entre las medidas de apoyo destaca la asignación de 24.141 becas de datos móviles a nivel nacional, que permiten seguir conectados y facilitan los estudios a distancia, además de las plataformas digitales para la modalidad remota, el programa de Bienestar y Promoción de la Salud Mental y la aplicación institucional. Las clases comenzaron el 15 de marzo, con actividades prácticas en formato presencial —salvo las áreas de Administración y Logística, 100% a distancia— y un retorno paulatino sujeto al contexto sanitario.
Constanza Bernal, Crossfit Kids: “Comenzar desde la infancia fomenta que los niños practiquen actividad física durante toda su vida”
Constanza Bernal Navia estudió Educación de Párvulos en la Pontificia Universidad Católica y durante 10 años ejerció como tal en colegios y jardines infantiles. Actualmente es una de las pocas instructoras de Crossfit Kids del país, actividad en la que se inició hace siete años: “Participé como alumna de Crossfit y luego me ofrecieron la oportunidad de convertirme en instructora, para lo que obtuve la certificación Level One, y luego me especialicé en Crossfit Kids”, recuerda. A fines de 2019 dejó las aulas para dedicarse por completo a enseñar: “A pesar de independizarme justo cuando comenzó el estallido social y luego la pandemia, siempre la cantidad de alumnos ha ido en aumento”.
Qué es Crossfit Kids
El Crossfit es un método de entrenamiento basado en ejercicios constantemente variados, con movimientos funcionales ejecutados a alta intensidad; de ahí se desprende Crossfit Kids, un programa de fuerza y acondicionamiento diseñado para niños y adolescentes que los ayuda a desarrollar una relación de por vida con el fitness y la salud. “Podríamos decir que 15 minutos de Crossfit pueden dejarte tan agotado como una hora de ejercicios en un gimnasio, y además puedes utilizar todos tus grupos musculares en una sola sesión”, asegura.
Sus clases se dividen en dos grupos por edades —de 4 a 7 años y de 8 a 12—, cada uno con metodologías adaptadas y sin fomentar la carga de pesos, a diferencia del crossfit de adultos. “Gracias a esta actividad los niños pueden mejorar sus destrezas físicas, motoras, el equilibrio e incluso su seguridad y autoestima. Buscamos además disminuir los índices de sedentarismo y obesidad infantil”, agrega.
“Desde la primera clase se pueden observar importantes avances en su postura y en su confianza; adquieren un empuje que no consiguen en otras actividades”, explica. “Veo pequeños de 4 años muy entusiasmados. Esta es una actividad ideal para sacar a los niños de la tele, que dejen los teléfonos; ayuda a su salud mental, a liberar energía, y lo más importante: iniciarlos a edades tan tempranas potencia que no dejen la actividad física y amen el deporte durante toda su vida”.
Clases en pandemia
Cuando las clases se realizaban en el box se llegaba a 20 alumnos por curso; hoy ha llegado a tener 100 conectados en una misma clase. “Las clases online permiten una apertura hacia más zonas geográficas. Antes al gimnasio solo llegaban niños del sector oriente de Santiago; ahora he llegado a tener alumnos de Antofagasta a Puerto Natales, e incluso de Estados Unidos”, señala. Otro fenómeno interesante: los niños empiezan a transmitirles lo que aprenden a sus padres e incluso a sus abuelos, y se conectan voluntariamente, sin sentirlo como una obligación.
A pesar del crecimiento, lamenta que en el país no exista una cultura de actividad física: “En tiempos normales, las jornadas de colegio son principalmente sedentarias y las actividades extraprogramáticas no siempre son variadas ni enfocadas en la actividad física; entonces la tarea finalmente recae en el interés de las familias”. Y concluye: “Los entrenamientos se adaptan a las capacidades de cada niño, todo es un juego muy entretenido; debemos recordar que la infancia es la edad ideal para que las personas adquieran hábitos que mantendrán durante toda la vida”.
Javier Henríquez, The Product Culture: un emprendimiento nacional que comercializa diseño local del más alto nivel
En tiempos de pandemia, cuando la mayor parte de nuestras vidas se ha volcado al mundo online, The Product Culture llegó en el momento justo para satisfacer la búsqueda de productos exclusivos para nuestros hogares, con finas terminaciones, realizados por especialistas y maestros artesanos de todo Chile bajo una filosofía “slow”, donde cada proceso tiene un tiempo adecuado para concretarse.
“Cada objeto es único”, recalca Javier Henríquez Méndez, uno de los socios. “Seleccionamos productos de excelente calidad, con propuestas estéticas que no tienen mucha visibilidad en el mercado nacional”. El sitio reúne decoración, cerámica, iluminación y objetos innovadores expuestos en páginas de diseño minimalista con fotografías que permiten ver hasta el último detalle. “Cuando empezamos y nadie nos conocía, nuestra principal forma de entrar al mercado fue nuestro sitio web y una buena estética, con el apoyo de una potente estrategia de marketing y redes sociales”.
Javier nació y estudió en Santiago, estuvo un tiempo en Canadá y finalmente estudió branding. “La idea de crear una tienda 100% online, basada en una marca potente y en el e-commerce, nació en 2017; el 2018 ya teníamos funcionando el sitio, y actualmente contamos con más de 450 productos provenientes de todo Chile”, rememora. Junto a su socio Benjamín Moreno Poblete, ambos diseñadores, crearon un concepto donde se comercializa lo mejor del diseño independiente y la decoración local.
“Slow makers”
“Desde el 2015 percibimos un nuevo auge por los objetos hechos a mano y al mismo tiempo el surgimiento de nuevos creadores, quienes comenzaron a surgir como brotes en suelo árido”, explica. “Se trata de productos con identidad, con diseño contemporáneo, pero saliéndose de la artesanía tal como la conocemos”.
De ahí el concepto de los slow makers: “En su mayoría buscan crear y fabricar objetos a mano, con técnicas tradicionales, pero con una propuesta actual”. Así aparecen lámparas que tienen como base una gran piedra o espejos con formas orgánicas. “Con los creadores tenemos una relación de amistad: conocemos sus talleres, hemos compartido comidas, conocemos los procesos que realizan. En nuestra empresa tenemos una relación horizontal, no hay jefes, todos somos iguales”.
El modelo respeta los tiempos de fabricación: “Son como los nuevos artesanos, que elaboran piezas únicas y coleccionables, por lo que a veces requieren un tiempo de espera. Puedes comprar un producto y te avisaremos si tarda una semana o más días, tiempo durante el cual sabes que el fabricante está trabajando en tu producto; eso produce una mayor satisfacción al recibirlo, a diferencia de los productos en serie que se producen por miles y te llegan en uno o dos días”.
“La recepción por parte de los clientes ha sido buenísima, con comentarios muy positivos; también hemos establecido relaciones con otras tiendas, y vemos que todos los conceptos que promovemos han ido en alza durante la pandemia: la compra online, los slow makers, el fair trade, los productos manufacturados”, agrega. “A pesar de la pandemia, en números estamos bien, pero algunos talleres de nuestros productores se han visto afectados por los permisos, cuarentenas y dificultad para acceder a insumos. Sabemos que esto va a pasar y tal vez podamos abrir una tienda física”.
Óscar Kröll, orfebre: “A nivel nacional somos cinco personas que desarrollamos joyería en cacho de buey”
“Nací en Victoria, estudié en Temuco y me fui a Santiago a estudiar diseño gráfico publicitario en INACAP. Luego me quedé allá, trabajé en agencias y eventos, hasta que llegué a un banco. Ese trabajo no era muy motivante, y un día me llamó un amigo para que le ayudara en un taller de joyería; luego apareció una persona para encargar un trabajo en cacho de buey y yo me hice cargo. Fueron varios meses de aprendizaje hasta llegar a dominar la técnica”, resume Óscar Kröll Schneider, descendiente de alemanes que llegaron a Chile en busca de mejores horizontes.
“Actualmente soy orfebre y he logrado diseñar joyas basadas en cacho de buey engastado en metales nobles. Creo que a nivel nacional somos cinco personas que desarrollamos esta técnica”, explica. Y aclara un malentendido común: “El cacho de buey no es un hueso, como piensa la mayoría; es una especie de extensión, como las uñas, recubierta de queratina, y con ese material es con el que se trabaja. Todo el mundo lo conoce como un desecho, como algo que va a la basura, pero aplicando el arte y el diseño de autor se puede llevar hasta las más altas esferas: gran parte de las personas que compran estas joyas pertenecen al sector ABC1”.
Tras aprender la técnica decidió volver a su entorno familiar en Victoria y trabajar para que su obra se identificara con la zona. “Encontré apoyo en SERCOTEC, comencé a establecer redes de contacto, participé en ferias y exposiciones en el mall de Temuco y como expositor estable en la tienda del Museo Regional de La Araucanía, pues consideraron que mis trabajos formaban parte de una corriente mapuche-contemporánea; también accedí al Pabellón de La Araucanía y a la tienda de arte de la Universidad Católica de Temuco”, agrega. “Las personas que aprecian estas joyas saben el valor que tienen: son piezas únicas, exclusivas, y quienes las compran lo pagan. También son muy valoradas en el extranjero por su diseño y sus terminaciones”.
Arte, artesanía y comercio justo
Forma parte del Registro de Artesanos de Chile, lo que además de exponer y comercializar le ha permitido realizar talleres y clases particulares. “La enseñanza de este arte no se puede realizar por internet; cuando lo hacíamos presencial trabajaba con seis alumnos y logramos talleres muy exitosos, por ejemplo en el Liceo Pablo Neruda”, cuenta. Y aunque ha participado en muestras artesanales, prefiere que su trabajo sea considerado orfebrería, “que mezcla arte y técnica para trabajar con materiales preciosos”.
“En Chile aún no se logra una valoración del trabajo que se realiza con las manos, de la creatividad, el arte, el diseño, el tiempo, la dedicación. Es por eso que para potenciarnos entre nosotros hemos debido asociarnos a organismos internacionales como el Comercio Justo o crear agrupaciones locales como la Corporación Cultural Rakizuam”, señala. Gracias al Fair Trade cuenta con una certificación internacional que garantiza una producción basada en la equidad, con criterios sociales y de protección ambiental: “Pero aún nos faltan temas pendientes, como la protección del diseño de autor y una ley de artesanía”.
Sobre el año de pandemia, es franco: “Ha sido muy lento para trabajar, con dificultades para comercializar e incluso para acceder a insumos. Esto ha significado un giro de 180 grados en nuestras vidas y creo que ya nada va a ser como antes. Una de nuestras últimas grandes actividades presenciales fue la muestra ‘Secretos de La Araucanía: Artesanos de Excelencia’, realizada en el Centro Cultural La Moneda en enero de 2020. Hoy también se han vuelto muy importantes los trabajos a pedido”.
Profesores José Ignacio Carmona y Daniela Farías: “Esperamos que de esta pandemia salgamos todos fortalecidos”
“¿Profe, me ayuda?”, dice el pequeño Arturo a través de la pantalla del computador, tratando de insertar un palito en un globo sin que se reviente. Obviamente la experiencia no es la misma que estar en una sala de clases, pero José Ignacio Carmona Carvajal y Daniela Farías Aguirre no se quedan atrás en sus esfuerzos por seguir enseñando y motivando a sus alumnos.
A un año del inicio de las cuarentenas, ambos docentes pasan largas horas frente a la cámara. José Ignacio lleva 13 años como profesor de ciencias y hace clases en el Colegio Los Robles, del sector Labranza, un establecimiento particular subvencionado hasta 8° básico donde la mayor parte de los alumnos son de sectores socialmente vulnerables. Su esposa Daniela trabaja en el Colegio San Francisco de Asís, en Nueva Imperial.
Trabajo de vocación
“Este es un trabajo de vocación, siempre ha sido así, independiente de la pandemia”, señala Daniela. “Nosotros trabajamos con personas, y nuestro objetivo como profesores es que los niños y jóvenes aprendan”. Ambos reconocen que los tiempos ya venían cambiando antes de la pandemia: “En los últimos años los profesores estábamos con mucho trabajo administrativo, y algunos de nuestros alumnos pertenecen a la llamada generación de cristal: son muy exigentes, pero no siempre cumplen con sus responsabilidades”, explican, agregando que aunque los colegios entregan una educación integral, también existe un rol importante por parte de los padres.
Cuando llegó la pandemia
“Pensábamos que iba a durar poco, un par de semanas, no más de un mes”, recuerda Daniela. “Como profesor de ciencias yo había leído sobre pandemias y me asusté mucho por lo que ha ocurrido en otras partes del mundo; creo que todos tuvimos mucho miedo”, agrega Ignacio.
El 12 de marzo los enviaron a la casa y comenzó la preparación de clases por video. Daniela, sin experiencia previa, partió con una anécdota: a su primera clase no llegó ningún alumno porque no envió correctamente el enlace. José Ignacio, a cargo de un 5° básico con todos los alumnos nuevos, tuvo en las primeras clases solo 3 alumnos de 33, porque la mayoría no contaba con elementos para conectarse. “El colegio hizo una importante gestión, obtuvo ayuda y en agosto ya estaban conectados 28 de los 33”, recuerda. “También nos hemos apoyado entre profesores, mediante grupos de WhatsApp, y ayudamos a nuestros colegas mayores, que no tenían mucho manejo con la tecnología”, agrega Daniela.
¿Extrañan a sus alumnos? “Claro que los extrañamos, y mucho; también extrañamos vernos en persona con nuestros colegas”, señala Ignacio. “Afortunadamente las clases online han funcionado, aunque literalmente he utilizado pelucas, gafas y narices de payaso para entretener y atraer a los alumnos. Mi único objetivo es que se interesen y aprendan; también hemos incluido música rock, como AC/DC, o bachatas a pedido de ellos mismos”.
Después de la pandemia
“Espero que después de esta pandemia salgamos más fortalecidos, más empáticos, que aprendamos a ponernos en el lugar del otro, a cuidarnos. Espero que este sea un tiempo de aprendizaje”, explica Daniela. Su esposo agrega: “Aquí ha salido lo mejor y lo peor de lo nuestro. Algunos saldrán fortalecidos, otros con enfermedades, otros molestos. Algo que estoy seguro va a mejorar es que la gente se va a dar cuenta de que el dinero no es lo esencial. Ha sido un periodo duro, muy difícil, pero vamos a salir adelante”.
Como profesores y personas, cierran, no esperan un aplauso: esperan simplemente ser respetados y que su trabajo sea valorado, porque lo hacen con amor y vocación, ciertos de que —como decía Aristóteles— “las raíces de la educación son amargas, pero el fruto es dulce”.
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