La maestra Nivia González Solís posee una energía que contagia y que da cuenta de una vida llena de trabajo y sacrificio, pero al mismo tiempo, de éxito y reconocimiento. Ha tenido alumnas de tres generaciones, abuelas, madres y nietas, y una de sus mismas alumnas ya se prepara para asumir el liderazgo de su escuela.
“Todo lo que he logrado de mi escuela han sido satisfacciones y cosas bellas. He viajado por muchos países, pero nunca me iría de Temuco, porque Temuco a mí me lo dio todo”, indica la Maestra Nivia González Solís, quien se define como profesora de ballet, con una academia fundada en Temuco en 1958.
Considera que, si se hubiese ido, habría dejado un Temuco sin ballet. “Hubiese sido una ingrata. Tome muchos cursos, toda mi vida he seguido aprendiendo y todos esos conocimientos se los he transmitido a mis alumnas y alumnos”, señala.

Dice que hace rato perdió la cuenta de las personas que han pasado por su escuela durante 66 años, aunque se puede lograr una aproximación calculando 300 alumnas/os al año. “Ahora han ido disminuyendo, porque hay más gente enseñando danza. Y eso es bueno, porque yo no habría tenido capacidad para tanto en la actualidad”, agrega.
Una casa y una escuela
Su escuela es su casa y su hogar, donde vive con su esposo y criaron a sus dos hijas. “Con el apoyo de mi esposo tuvimos esta casa y la escuela, por lo que nunca fui una madre ausente, siempre he estado presente”, asegura.
Los primeros años no fueron fáciles, no existía el descanso ni las vacaciones. Cumplía con un horario de trabajo en la tienda Picasso y en las tardes hacia clases particulares. Viajaba en tren para enseñar en comunas cercanas a Temuco y los fines de semana viajaba a Santiago para asistir a clases en la academia del Teatro Municipal, que en aquellos años estaba empezando a formar profesoras de ballet.
Recuerda que caminaba desde su casa hasta la estación de trenes, con un tocadiscos en una mano y una maleta con ropa en la otra. Hasta que su esposo, Rudy Pérez, le regaló un Fiat 600 usado, luego su primer auto cero kilómetro, un Peugeot 404, siguiendo después con un Jeep Cherokee, hasta llegar al Kia actual.

La Gala
Uno de los eventos esperados del año en Temuco, son las galas del Ballet Clásico Nivia González, que se realizan en diciembre, para terminar el año y mostrar el trabajo realizado.
“Al principio, no disponíamos de un lugar, pero al tener muchas alumnas del Colegio Alemán, ellos me prestaron el gimnasio del teatro alemán, una sala para 800 personas con un escenario muy bonito”, recuerda. “Después seguimos en el Colegio Bautista, en el Cine Central… y así hasta llegar a la actualidad. La Gala 2024 se realizó en el Teatro Municipal de Temuco (TMT)”.
Aquí también menciona su especial relación con el TMT, donde ha participado desde la colocación de la primera piedra, hasta ser parte de su actual directorio. “Siempre me han considerado en el teatro, y eso se lo agradezco a todos sus directores, y a las personas con que en la actualidad compartimos en el directorio”.

El ballet y la persona
Como toda disciplina artística, el ballet tiene efectos que no se ven a simple vista. “Eso es muy importante. La actitud de la niñita con sus compañeras, con sus amigas, en el colegio, el respeto que tienen a los profesores, a su escuela. Felizmente yo he sido bendecida en ese sentido”, explica, respecto a la formación de sus alumnas.
“Aquí no se forman enemistades, secretos o conflictos, todas deben ser amigas, compañeras y apoyarse mutuamente. El compañerismo, la actitud y el respeto en esta escuela tiene que existir siempre. Esa ha sido nuestra forma de funcionar por 66 años y he formado grandes personas. Una de mis alumnas, de hace 30 años, hoy está conmigo haciendo clases”, explica.
Una institución de Temuco
La maestra también destaca por haberse convertido en toda una institución dentro de Temuco. “Todos los alcaldes, autoridades y empresarios me consideran en las principales actividades de la ciudad. Es consideración me demuestra que he hecho cosas bien, y que las personas que he formado, sus familiares y la ciudadanía en general aprecian mi trabajo y me aprecian como persona”.

La sucesora
Tras haber superado los 80 años de edad, y pensando en seguir enseñando cuando llegue a los 90, la maestra tiene elegida a una continuadora, la docente, bailarina y coreógrafa Carolina Paiva. “Carolina llegó conmigo a los 5 años y nunca dejó la danza. Y ahora a Carolina le estoy traspasando todo”, explica.
Hoy sigue dedicando la mayor parte de su tiempo a la academia que es parte de su hogar. Desde su living se escuchan los saltos de las alumnas en una sala adyacente.
“Estoy muy contenta por mis alumnas, las actuales y las que me encuentro en la calle y fueron mis alumnas hace 40 años. Siempre he enseñado el ballet clásico, nunca pude derivar a otras formas de la danza. Yo soy clásica”, puntualiza.
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