Así se lee El buzón de las Impuras de Francisca Solar: una novela histórica sólo apta para valientes y amantes de los buenos libros. No es casualidad que se haya mantenido por más de 30 semanas consecutivas entre los bestsellers de Chile, conquistando no solo al público nacional, sino también a lectores en el extranjero.
Desde las primeras páginas se percibe una investigación rigurosa de archivos históricos que da sustento a una trama literaria cargada de emociones y con personajes profundamente humanos. Pero más allá de la ficción, esta obra cumple con un objetivo claro: rescatar una de las tragedias más estremecedoras del siglo XIX.
La muerte de más de dos mil mujeres atrapadas en el incendio de una famosa iglesia de Santiago de Chile.
La historia comienza por su final —in extrema res—, para luego guiarnos hacia las causas y secretos que dieron origen a esta catástrofe, a través de los miembros de la familia Aguirre Vanderbilt. Cada personaje encarna una faceta distinta de la élite chilena de 1863, atravesada por conflictos políticos, religiosos y personales que los vuelven cercanos a nosotros.
El buzón que da nombre a la novela es lo único que sobrevive a las llamas. Ese objeto —simbólico y real— nos revela la existencia de las Hijas de María: una cofradía de mujeres de clase alta que congregaba a miles de fieles. Desde ahí, Francisca Solar logra una delicada y sutil conexión entre la historia de Chile, la secularización del Estado, el machismo y la guerra civil estadounidense por la abolición de la esclavitud, en una novela donde lo íntimo y lo político conviven con naturalidad.
Esta obra es mucho más que una novela: es una invitación a reconocer una memoria sepultada. Hoy, en el mismo lugar donde los cuerpos de esas mujeres fueron consumidos por el fuego —los jardines del ex Congreso Nacional—, El buzón de las Impuras nace una historia que no solo se lee, se vive. Es por eso, que les invito a ustedes, lectores, a conocer a las Impuras.
Por Catalina Rodríguez Vergara.


