En Chile, aún persisten estereotipos que dificultan la inclusión de adolescentes autistas en el sistema escolar. Uno de los más arraigados es la creencia de que el autismo está vinculado a la agresividad.

La psicóloga Carolina Santos Riquelme, especialista en intervención en Trastorno del Espectro Autista (TEA), se propuso desmentir esta idea a través de un estudio que combina evidencia científica y experiencia clínica.
“Esto es como una nube oscura que cubre nuestro entendimiento y que nace muchas veces de malentendidos, de prejuicios, incluso en los medios de comunicación. Pero en realidad el autismo no dicta comportamientos agresivos, sino que más bien quienes viven en el espectro a menudo expresan sus emociones a través de conductas que pueden parecer desafiantes, pero que en el fondo son mecanismos de supervivencia o comunicación”, explica la especialista.
Desde el Centro de Salud ANAY en Temuco, Santos plantea que la agresividad no es una característica propia del autismo, sino una respuesta a factores contextuales como la sobrecarga sensorial, la frustración comunicativa o la falta de adaptación del entorno.
“No existe una causa genética o neurobiológica que vincule automáticamente el autismo con conductas agresivas, la clave está en cambiar la narrativa, promoviendo una visión que vaya mucho más allá del comportamiento y que valore la singularidad de cada persona en su proceso de inclusión y dignidad”, afirma Carolina Santos.

Crear vínculos
El eje de su propuesta es claro: construir vínculos afectivos sólidos entre docentes y estudiantes. Según la autora, estas relaciones son fundamentales para reducir conductas desafiantes y mejorar la adaptación emocional y social de los adolescentes autistas. “Las relaciones afectivas positivas con adultos son un predictor significativo del bienestar emocional”, destaca citando estudios recientes.
“Los lugares donde ellos más están es en los colegios, los liceos y en sus casas. Entonces, la clave es romper estos muros que uno ve muchas veces de desconexión, incluso entre los profesionales, y construir puentes de comunicación mucho más sólidos basados en la humanización, en la confianza, el respeto y la escucha activa”.
La investigación también subraya la necesidad de transformar la formación docente. Santos recomienda capacitar a los profesores en estrategias de comunicación aumentativa, manejo emocional y empatía. Esto incluye aprender a interpretar señales no verbales, responder con calma ante crisis y evitar respuestas punitivas que solo refuerzan el aislamiento.

Planes individualizados
Además, se propone implementar planes de apoyo individualizados que consideren las sensibilidades sensoriales y los intereses de cada estudiante. Crear rutinas predecibles, usar apoyos visuales y fomentar la autorregulación emocional son prácticas que pueden marcar una gran diferencia.
El estudio también llama a promover ambientes escolares inclusivos, donde la diversidad sea valorada y no temida. Esto implica sensibilizar a toda la comunidad educativa, desde estudiantes hasta directivos, para erradicar prejuicios y fomentar el respeto.
En cuanto a las políticas públicas, Santos señala que Chile necesita avanzar en la formación continua de docentes en neurodiversidad y en la evaluación sistemática de las prácticas inclusivas. “La asociación entre autismo y agresividad es un mito que debe ser resuelto a través de la educación y la sensibilización”, concluye.
Este enfoque no solo beneficia a los estudiantes autistas, sino que enriquece a toda la comunidad escolar, promoviendo una cultura de empatía, respeto y crecimiento conjunto.


